MIGRACIÓN SEGURA EN
UN MUNDO EN MOVIMIENTO

CONTANDO SUS PROPIAS HISTORIAS EN EL DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE

Cada 18 de diciembre celebramos el Día Internacional del Migrante.

Aproximadamente mil millones de personas en el mundo son migrantes, tanto dentro de su propio país como hacia otros.

Muchos migrantes no tienen más opción que la de emprender viajes arriesgados y peligrosos para cumplir con sus sueños o simplemente para poder alimentar a sus familias. A menudo no cuentan con un acceso real a rutas seguras.

Lo que sigue a continuación es una recopilación de ocho viajes – seguros e inseguros – que han impactado en las vidas de ocho personas.

Foto: Mónica Chiriac/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM) 2017

Fasan le pagó a un traficante para que lo llevara de Nigeria a Libia en donde fue secuestrado en dos oportunidades y quedó a la espera del pago de un rescate antes de que pudiera regresar a su casa.

La OIM en su calidad de Organismo de las Naciones Unidas para la Migración lo ayudó a retornar a Nigeria.

Tras haber terminado la escuela secundaria, no tenía suficiente dinero como para continuar con mis estudios, de modo que tuve que salir al ‘mundo real’ y aprender algún oficio como para poder hacer algo de dinero. La situación en la que en este momento se encuentra Nigeria no es buena para nadie. Incluso en Libia, cuando les dije a las personas que yo era de Nigeria, me miraban como si estuviera loco. Allí, la economía está totalmente desbalanceada. Algunas personas tienen muchísimo en tanto que otras no tienen absolutamente nada. Yo no tenía nada cuando abandoné el país en 2014 – tan solo a mi madre a quien debía cuidar.

Pasé cinco días tratando de llegar a Libia. Se suponía que el chófer debía transportar a diez pasajeros, pero en lugar de eso,los traficantes cargaron a 40 personas en la parte trasera de un vehículo. Algunas personas se cayeron; otras se fracturaron las piernas o los brazos, otras murieron, pero el chófer nunca se detuvo para ayudarlas. Son muchos los cadáveres que quedaron en el desierto.

Una vez que llegué a Libia, comencé a trabajaren una panadería. Trabajé muy duro por un par de años e incluso había logrado ahorrar un poco de dinero, pero tuve que enfrentar muchas malas experiencias. Si uno quiere trabajar en Libia, tu lugar de trabajo no puede estar demasiado lejos de tu casa porque de lo contrario se corre el riesgo de ser secuestrado.A las 8 de la noche todo cierra.

Me secuestraron y pidieron 10.000 dinares de rescate para liberarme. En mi lugar de origen, si tienes esa cifra eres rico.Mis amigos negociaron y acordaron pagar tan sólo 5.000. No podía llamar a mi madre para comentárselo; ella hubiera muerto si se hubiera enterado que yo estaba en prisión. Mi amigo usó los 3.000 que yo había podido ahorrar y consiguió otros 2.000, fue así que logramos que me liberaran. El año pasado me secuestraron otra vez y tuve que pagar nuevamente. ¿Qué sentido tiene trabajar si al final del día te secuestran y te roban todo el dinero? No podía seguir así.

Esta ruta debe cerrarse. Los hombres pueden en cierta manera llegar a sortear los peligros de esta ruta, pero para una mujeres terrible. A diario venden a las mujeres como prostitutas. Vi a jóvenes nigerianas de 15 años que eran forzadas a hacerlo – es una pesadilla. Por suerte, las cosas cambiarán pronto en Nigeria y podremos construir un futuro para nosotros allí.

Cada día cientos de jóvenes de África Occidental inician la peligrosa travesía rumbo a Libia y Europa sin visas ni medios reales de solicitarlas. Terminan pensando que su única opción es poner sus vidas en manos de los traficantes, interesados en el beneficio económico y no en la protección de la vida de sus clientes.

(Esta historia apareció originalmente en el sitio "soy migrante" de la OIM: http://iamamigrant.org/stories/niger/fasan)

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

Priyanki nació en Nigeria de padres indios y se mudó a Londres para trabajar en el área de marketing.

Nacida en Nigeria de padres indios, Priyanki retornó a la India con su familia a temprana edad. Pasó su niñez aprendiendo historia británica en la escuela e incluso viajó a Londres un par de veces. Eventualmente,se mudó allí para estudiar.

“Podría haber cursado una maestría en la India y conseguir un trabajo decente en mi país de origen pero si así lo hubiera hecho me hubiera perdido la exposición a diferentes culturas e ideologías, cosa que pude disfrutar cuando hice la maestría aquí en el Reino Unido.”

“Recuerdo haber tenido en una ocasión una conversación muy interesante con una compañera de cuarto en Gales que era de Pakistán y fue verdaderamente fascinante. Normalmente, sería muy difícil que una discusión semejante se diera entre nuestras culturas, pero aquí, las creencias de uno pueden ser cuestionadas y ello es totalmente aceptable.”

Actualmente Priyanki se encuentra trabajando en una empresa de marketing que presta servicios a una amplia gama de clientes.

“La maestría podría haberme preparado para hacer mi trabajo pero es mi exposición a diferentes culturas aquí en el Reino Unido la que me ha ayudado a comprenderlas y me ha enseñado a promocionar los productos de manera atractiva. Si yo hubiera estudiado en la India, nunca habría aprendido cómo promocionar un producto en el mercado polaco, ni tampoco hubiera aprendido la forma de sortear algunos obstáculos que podrían haber atentado contra esa actividad de promoción.”

El año pasado, una serie de opiniones populistas, cada vez más frecuentes en el Reino Unido, afectaron a Priyanki. Uno de los principales factores que habían influido en su decisión original demudarse a ese país había sido la gran aceptación de los extranjeros por parte del mismo. Pero ahora Priyanki fue testigo de cómo se sintieron los migrantes radicados en Londres, profundamente afectados por este cambio en la percepción.

“Es triste ver eso. Se supone que este lugar es un lugar de aceptación del ‘otro’. Muchas personas, tanto los que son de aquí como los extranjeros, se han enriquecido con esa exposición a la cultura del otro. El verdadero encanto de Londres es la gente. Verdaderamente es la gente la que hace que esta ciudad sea lo que es, y entre esas personas están los migrantes.”

“Pues bien, tal vez es posible que muchos crean que son solamente los migrantes como nosotros los únicos beneficiados al venir a radicarse en el Reino Unido, pero eso sería mirar una sola faz de la cuestión. Ciertamente yo me he beneficiado mucho con el hecho de haber estudiado aquí y por haber estado expuesta a toda esta diversidad, pero como profesional que trabaja, también cumplí con mi deber en cuanto a devolverle a esta sociedad lo que ella me dio. Yo pago mis impuestos y contribuyo con cosas como el Sistema Nacional de Salud.”

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

 Riten desarrolló un negocio en los EE.UU. y regresó  a las Islas Marshall 22 años después.

Sentado en las playas de su primer hogar –Rongrong, Islas Marshall en el Océano Pacífico – Riten recuerda aquellos años en los que decidió partir.

En 1969, él se graduó en la única escuela secundaria que había en la isla y emigró a los Estados Unidos de América. Su nueva vida significó un gran cambio en comparación con la vida que había tenido durante dieciocho años en el Pacífico. No regresó sino después de 22 años y en ese período de tiempo logró construir una vida feliz.

Cuando Riten volvió, se sorprendió al ver la cantidad de territorio que su isla había perdido década tras década. Era todavía el hogar que recordaba, pero el cambio climático había hecho estragos en él.

“Cuando yo era chico, nunca hablábamos de cambio climático en las escuelas. Pero ahora esto está cambiando, le estamos enseñando a nuestros estudiantes el modo en el que su medio ambiente está siendo afectado por el cambio climático y algunos están comenzando a ver ellos mismos los cambios en sus propias vidas.”

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

Rachany se mudó con su abuela a los tres meses cuando sus padres salieron de Camboya para trabajar en Tailandia.

Con tan solo tres meses de edad, Rachany se mudó con su abuela, Lek Khoum, quien vivía en una ciudad de Camboya cercana ala frontera con Tailandia.

Sus padres habían cruzado esa frontera sabiendo que la vida de Rachany podía mejorar considerablemente si ellos lograban darle un mayor apoyo económico. Enviaban 1.000 Bahts tailandeses al año, que era mucho más de los que podrían haber ganado de haberse quedado en su lugar de origen.

Rachany ve a sus padres solamente una vez al año, cuando ellos pueden regresar por un breve período de vacaciones. Ahora Rachany, que tiene cuatro años, apenas si recuerda cómo era estar con sus padres y llama ‘mamá’ a su abuela.

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

 El padre de Mark lo inspiró para mudarse de Polonia  a Irlanda para trabajar en el campo de la electrónica.

Mark se desempeña como técnico electrónico en Dublín, Irlanda. Nacido en Polonia, se trasladó a Irlanda inmediatamente después de que su padre lo motivara a trabajar en el exterior. En ese momento en 2006, la tasa de desempleo era alta en Polonia mientras que Irlanda gozaba de prosperidad económica.

Luego de que Polonia ingresara a la Unión Europea (UE) en mayo de 2004, Irlanda fue uno de los tres miembros existentes de la UE que abrió sus fronteras y acogió con beneplácito a trabajadores polacos (los otros dos países fueron el Reino Unido y Suecia). En el año 2016,un estudio descubrió que casi un 3 por ciento de la población de Irlanda había nacido en Polonia.

En la actualidad, Mark pasa la mayor parte del tiempo arreglando artefactos electrónicos. Se sorprende por lo poco que las personas cuidan tales artefactos. Compara esta situación con lo que ocurre en su Polonia natal, en donde las personas cuidaban mucho más sus pertenencias, en tanto que en la actualidad la gran mayoría prefiere simplemente tirar lo viejo y comprar cosas nuevas.

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

Amina, en Djibouti, sin trabajo debido a sus problemas de salud, logra sobrevivir gracias a la ayuda de otros migrantes etíopes.

Amina es una mujer etíope que vive en un hogar temporario en Aquiba, Djibouti. Ha estado viviendo en una villa de emergencia durante los últimos tres años desde que llegó al país.

Debido a que tiene problemas crónicos de salud,le ha resultado difícil conseguir cualquier tipo de empleo. La mujer de 32 años de edad ha podido sobrevivir gracias a la generosidad de otros migrantes etíopes.

Miles de etíopes dejan su país cada mes. Muchos pasan por Djibouti para llegar hasta Yemen y luego a Arabia Saudita con la ayuda de los traficantes. Algunos simplemente quieren encontrar empleo en Djibouti sin intenciones de seguir con el viaje mientras que otros se quedan sin dinero y por ende terminan varados.

Foto: Muse Mohammed/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2017

Tran, ha regresado a Camboya donde está rehaciendo su vida, después de seis años como esclavo en un barco pesquero.

Como cientos de miles de compatriotas camboyanos, Tran soñaba con encontrar un empleo en Tailandia. Había escuchado que los trabajos en ese país eran mejores y que podría llegar a ganar más dinero para sostener a su familia.

Las esperanzas de Tran de tener una vida mejor fueron aplastadas cuando fue víctima de trata y lo forzaron a trabajar en un barco pesquero de bandera tailandesa.

“Fui esclavo por seis largos años en un barco pesquero. Perdí todo lo que tenía de valor: mi negocio, mi hogar, mi esposa y mis hijos. Cuando finalmente pude regresar a mi casa no tenía nada y fue de lanada que empecé nuevamente a intentar reconstruir mi vida.”

Tran se encuentra de vuelta en su país natal Camboya, intentando recomenzar de nuevo y recuperándose de los abusos de los que fue objeto.

Foto: Keith Dannemiller/Organismo de las Naciones Unidas para la Migración (OIM), 2014

María viajó en el tren “La Bestia” y luego siguió a pie hasta los EE.UU. esperando llegar sin ser detenida.

Cada año miles de personas hacen su travesía a través de las Américas en su intento por llegar a los Estados Unidos – María ha sido una de esas personas. Ella y otros migrantes procedentes de América Central y del Sur han viajado al norte a través de México hasta la frontera con EE.UU. en el tren de cargas conocido como ‘La Bestia’.

Cansada y atemorizada, María se detuvo en el albergue Hermanos en el Camino ubicado en Ixtepec, Oaxaca, uno de los santuarios más importantes para migrantes en esta ruta. Luego prosiguió su viaje hacia los Estados Unidos.

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